20 de febrero de 2011
"El amor es un pensamiento". Fernando Pessoa. Lo que yo encuentro parejo a aquello de Machado: "El amor es ficción". Las personas necesitamos del cortejo de las ideas para vestir los sentimientos -normalmente, primarios-. El amor, según Freud, no era más que un adorno de la libido.
Por su parte, la pasión es fortuita y engañosa. Con ella el amor sólo tiene derecho a cocina. En una segunda etapa o muere o, mejor, se transforma, como la energía. Y ahí desemboca en deseo, que es algo más cerebral, conveniente y permite la perdurabilidad.
Brizna de deseo
Brizna de divertimiento
18 de febrero de 2011
"Nuestra civilización sólo pretende divertirse hasta morir". Jon Juaristi. Será por eso que habita la infelicidad. El autor lo suelta sin criticar -"llueve sobre mojado"-, como definiendo y, sobre todo, citando a Neil Postman, autor de la frase. Juaristi es un personaje polémico, converso de mala baba -o mala hostia-, pero inteligente, como tantas veces sucede. El titular me recuerda una expresión que he oído recurrentemente estos días y que no es nueva: salir de fiesta. Lo que antes era salir a secas se ha vuelto unánime e indiscutiblemente salir de fiesta. Suele conllevar discoteca y alcohol y venir pronunciada por cadetes que manipulan el carpe diem con una autoridad como si fueran Horacio. Me parto el culo. Ya puestos, para beber hay que ser César Ruano, si no, nada. Los que llevan esta doctrina radicalmente a efecto son los mismos que ignoran si Córdoba pertenece a Andalucía o a Castilla la Mancha. Y, por supuesto, no se enteran de que forman parte de un ensayo clínico de las teorías evolutivas.
Esta gente es tan libérrima que ve las mismas películas -que no son cine-; escucha -sería mejor decir oye- las mismas canciones -que no son música-; lee -bueno, no lee- los mismos libros -que no son literatura-; y viste la misma ropa. Nunca antes un esclavo fue tan inconsciente de su condición.
A unas pocas páginas hablan de un libro de Michael S. Gazzaniga, autor que incide en el hemisferio derecho del cerebro como enfocado a la percepción y en el izquierdo, a la cognición, que es, contra lo que entiende el común, el del amor. Después de bracear entre sicología cognitiva, etología y neurociencia, Gazzaniga resuelve que nuestras posibilidades específicamente humanas incluyen "la capacidad de preguntarnos por fenómenos de causa y efecto imperceptibles, razonar sobre ellos y explicarlos mediante el lenguaje, el pensamiento abstracto, la autoestimulación, la planificación, la reciprocidad, la matemática combinatoria, etcétera". Uno no está en contra de la diversión, ¡ni mucho menos!, pero ve a la mona Chita más humana que a ciertas patuleas.
Brizna de origen
14 de febrero de 2011
"La vida es una travesía rumbo a casa". Melville. Y no sólo porque la vejez resulta literalmente pueril, sino porque, como es sabido, la existencia consiste en poco más que un absurdo -a menudo ininteligible- donde al ser humano no le queda otra que el deseo de encontrarse. Y esto puede suceder, incluso, en otros brazos. El conocimiento de uno mismo muchos lo pasan en las redes sociales de internet, que es una manera de mirar hacia otro lado sin el vértigo de la introspección. Un hedonismo vulgar.
Dasso Saldívar -él me inspira la brizna- explica, citando a Borges, que Dante edificó La Divina Comedia para encontrarse en el paraíso con su irrecuperable Beatriz, su amor imposible de juventud. "Siempre se vuelve al primer amor", dice el tango. Sólo que el primer amor bien puede ser el último. Porque en la pérdida de lo no tenido cabe lo tenido. Y el destino se ve traspasado una y otra vez por las huellas del principio, en el punto que esté, siempre original como un pecado que nadie cometió.
Brizna de dolor
8 de febrero de 2011
"A mí me han enseñado a convertir la tristeza en arte". Estrella Morente. Ella entiende también que su padre era un genio. Sólo han transcurrido dos meses de su desaparición. La ausencia le ha dejado una vida "rota por la mitad". Lo dice en Londres, donde prepara una actuación jonda que también pasará por Chavela y Nina Simone.
El dolor sólo existe si es verdadero. Entonces, se convierte en un puntal de la vida de las personas. Pocas cosas, acaso el paso somnífero del tiempo, lo contradicen. Sin embargo, la belleza -en el caso de la cantante, venida del flamenco- podría representar una almohada necesaria donde restañar las heridas. Un apoyo, ínfimo, pero un apoyo.
Seguramente la grandeza de los artistas consista en convertir el agua en vino. Debido a su extravío metafísico y su inadaptación natural al mundo, experimentadores de más dimensiones que el resto de mortales, les imagino capaces de sacar fruta del árbol de la ciencia del arte sin frivolizar la desgracia. El dolor es experiencia de vida y en él descubrimos posibilidades y estados de ánimo inéditos. Al escuchar una canción, leer un poema o ver un cuadro podemos sentirnos acompañados, algo así como una extraña solidaridad.
Brizna de canción
6 de febrero de 2011
“Las letras de las canciones no tienen que ver con la literatura”. Chico Buarque. Salvo excepciones, me da que las letras musicales guardan poca relación con la gran dama y eso que grandes poetas usaron como subgénero la canción. La creencia del brasileño me devuelve otra de Aute -“Es más difícil escribir una buena canción que un buen poema”-, de la que discrepo. El arte real se sitúa lejos de la canción media. Y la dificultad es algo que suena casi a magnitud física. Costar, puede también terminar un puzzle. Y comprar una barra de pan.
Brizna de indefensión
28 de enero de 2011
"La playa donde tanto lloramos / (...) sintiéndonos vencidos / por el amor y por sus trágicas ficciones, / indefensos, inermes ante las crueldades / del deseo, juguetes en manos del azar". Luis Alberto de Cuenca vuelve a dar en su último libro, El reino blanco, lecciones de poesía culta dividida en coloquialismos y casi risas junto a sentimientos profundos bellamente expresados.
Podría haber respondido con el entrecomillado a un amigo que por la tarde me participaba su nuevo fracaso definitivo en el amor. Habría resultado balsámico, en cambio solté que había acometido un negocio malísimo, como preguntándole ¿qué esperabas?
Compensa más poner un quiosco, ahora que se están dejando de vender periódicos. Las personas, obstinadas en el error, como en la canción de Juan Perro, oscurecemos hasta los túneles con salida. Me despedí deseándole colores nuevos que devuelvan pulsaciones a su corazón. Pero lo veo difícil. Le conozco incapaz de conculcar al poeta: "En las noches de insomnio las sombras tienen alas, / como el cuervo de Poe". Felices planeamientos ya que otra dicha no se acerca.
Brizna de ciencia ficción
4 de enero de 2011
"La mayoría de películas de ciencia ficción son científicamente absurdas". NASA. Y eso que sus responsables, para cubrirse las espaldas, suelen recurrir a asesores de la propia agencia espacial.
Los mejores filmes de ciencia ficción son aquéllos que analizan -o sirven para analizar- el presente. Los pronósticos de Kubrick y de Orwell.
Congratula ver cómo ponen a parir Armaggedon, 2012, Volcano, The sixth day. Da gustirrinín que Blade runner y Metropolis dieran en el clavo. Ya lo sabíamos, pero bueno.
Las artísticamente geniales suelen ser científicamente aprobadas. Tampoco hay que ponerse estupendo inventando dragones trompeteros enemigos del mundo. La caverna de Saramago, sin tener apariencia de ciencia ficción, es un valioso análisis del futuro, que siempre tiene unos primeros metros de cuerda de presente. Como los procesos siguen su curso, viendo en qué nos vamos –o podemos- convertir, sabemos en qué nos hemos convertido ya.
Lo malo del arte es cuando antepone la taquilla al producto, la comercialidad porque sí, la ausencia de problemas detrás de la trama o un discurso fílmico paupérrimo.
Y por último, dos cosas: no preguntaremos a la NASA por el Columbia ni por los universos paralelos -en vez de múltiples- ni por los robots que investigan Marte. Al fin y al cabo tienen un saldo infinitamente más positivo que la CIA. Y, en segundo lugar: ese gran vivero de ideas llamado literatura -incluso la mera de aventuras- ha ayudado también, innegablemente, al avance de la ciencia.