10 de marzo de 2018
“1 de
agosto: la literatura es eso: no poder leer sin dolor, sin ahogarme de verdad”.
Barthes, Diario de duelo. Síndrome de
Florencia.
Brizna de elevado ritmo cardíaco
Brizna de papel pautado y aliterado
2 de marzo de 2018
“Todo en el
mundo es burla”. Verdi -últimas palabras a una partitura-. Ignorarlo arrebata de herramientas que corrijan las erratas de la vida.
Brizna de higiene
28 de febrero de 2018
“Estas
sombras nos lavan, / con su misterio imponen una enorme / intemperie”. Diego
Doncel, El único umbral. Levita el
que conoce las formas; los despeñaderos de luz se protegen del agua incensaria
del recuerdo; y “los hombres / (…) / alimentan en vano / su ansia de absoluto”.
¿Por qué la “claridad dilata” y hay “blanco respirado en los cielos”, si “tu
piel es el agua oscura del misterio”, “agua oscura es tu cuerpo”? Tú cometes un
crimen en tu nombre e imaginas la sangre en un cuadro de Pollock. “Tú te
viertes en todo, haces signo / el paisaje” sin árbol de la memoria, consistente
en “flores sin nombre”. Y te preguntas: “¿Y no he de limpiar (…) mi vida / en
el rocío que viene de los cielos?”. Perderte
en / las cosas del mundo será / lo que te redima.
Brizna de Herisau
22 de febrero de 2018
“No soporto
que los viajes que emprendo no sean largos”. Walser. ¿Y qué hacemos con la vida,
Robert?, si “los viajes cortos son desplazamientos” y vinimos al mundo a comprar el
pan. Pensaremos en “la literatura enfermiza”. Para sanar.
Brizna de cosmonáutica
17 de febrero de 2018
“El amor
está en el mundo para olvidar el mundo”. Paul Éluard. El espacio exterior descansa dentro de nosotros.
Brizna de desove
11 de febrero de 2018
“Quien dice
la verdad, casi no dice nada”. Antonio Porchia, Voces. Decir es callar y la verdad, inútil como la belleza.
Por eso verdad y belleza son tan importantes, a sabiendas, eso sí, del anónimo presocrático: “Nada
importa nada”. Todo es mar. Nada es todo. Y bucea.
Brizna de fonación
4 de febrero de 2018
“No puedo
hablar con mi voz, sino con mis voces”. Pizarnick. Nos hacemos los coros. La voz
solista es el viento tras la montaña. Si no te desdoblas te conviertes en
estatua. O, peor, en maniquí. De sal.