24 de octubre de 2018
“Leuwen sólo
temía dos cosas en el mundo: la gente aburrida y el tiempo lluvioso”. Stendhal,
Lucien Leuwen. Signos de la edad. Líneas de expresión del pensamiento. Stendhal
se puso estupendo y dejó inconclusa la novela. ¡Qué mayor ambición que una obra inacabada!
Brizna de arrugas
Brizna de aparato fonador
28 de septiembre de 2018
“No tiene voz la nieve”. Sylvia Plath, Ariel. Y sin embargo tono y color, y, por tanto, palabra.
Brizna de estratificación
15 de septiembre de 2018
“Contra la
autonomía estética del lenguaje”. Gil de Biedma. Postura de clase. Qué seco. Tanto que
se alzó contra la identidad de fondo y estilo, a pesar de que lo que cabría suponer -por la cosa ideológica; que uniera estética y ética-. Qué emperrado. Si intentó traducir a Byron tuvo que ser por el coloquialismo, o sea, a pesar de la fuerza expresiva.
Brizna de Germán -seudónimo y blasfemia-
8 de septiembre de 2018
“Si bien se
mira, el mayor espectáculo casi-drag
del mundo lo constituyen los encuentros de los cardenales católicos en Roma, en
esos días de primavera en que se los ve bien afeitados, casi oliendo a agua de
colonia añeja, pletóricos sabiéndose filmados y fotografiados, conscientes de
vivir protegidos y servidos en un mundo pulido y amortiguado, la luz brillando
sobre los bermellones, las púrpuras y los oros y sobre los níveas sedas
papales... El día que el Martini rojo deje de anunciarse con Georgesclúnis y
pase a anunciarse con cardenales rodeando en actitud ‘casual’ una mesita de
terraza en Castel Gandolfo, con una platito aceitunas rellenas, mientras siguen
con la vista el trasero del fontanero polaco, ese día, las ventas de Martini se
dispararán y los desviados volveremos al redil de la Iglesia”. Germán Sánchez.
Así, sin segundo apellido y sin foto, en la solapa del libro que escribió
junto a Luis Mercader sobre Ramón. “Germán Sánchez es como el Federico Sánchez que emboscaba en un
nombre español absolutamente común su real nombre”. El nombre como seudónimo. Eso es posmodernidad de la buena. Cuando hace unos años en la radio se impuso el sistema digital, y le pidieron una foto para la web, se calzó una gafa de sol.
Podría hacerse una historia del siglo pasado siguiendo el rastro de la ocultación; manual y
uso. El seudónimo pasó de los camuflados a los nostálgicos, y de los nostálgicos a los románticos. Otra historia del siglo se pudo hacer, pudimos hacer, en torno a la blasfemia. Planeamos
en 2009 un libro que recorriera su huella como arte típicamente ibérico. No salió por mi culpa. Mi evanescencia afloró cuando
más necesario se imponía estar presente. No fue su culpa, siempre me zarandeó; leo ahora un telegrama suyo al azahar: “Supongo que
no se te ha escapado: en su columna del domingo sobre el Corpus, Manuel Vicent
llamó a la Sagrada Hostia hidrato de
carbono paseado en un ostensorio”. Su cáncer lo celebró hace unos meses Piero della Francesca. Acudió a flagelarme para recoger, después, como fruta, mi cara de prosa. Me enteré por Juan Carlos Soriano. Fundamos comidas-billar; a tres bandas. “He llegado a pensar que no haría falta escribir nuestro libro sobre la blasfemia como expresión nuclear del pensamiento radical, o desesperado, y de clase, español. Bastaría con una introducción breve y construirlo como una antología de noticias de prensa y de casos en tribunales: acusaciones o condenas por blasfemia que quizá no llegaron a los periódicos”. Lo escribimos en el aire. Ahora que se lleva el arte
efímero, nuestro libro fue tan breve que desapareció de nuestras cabezas, sin
llegar al papel, después de estarlo gestando más de un lustro. Un libro
invisible, sí, pero un tochazo. Denso y con humor. Con Germán se va una manera de entender el periodismo. Nadie más pensará que para una hora de radio son necesarios ocho meses. Como en la radio nórdica, decía. Me informa Soriano, antes de entrar al boletín.
Brizna de persecución
1 de septiembre de 2018
“Este era
otro de nuestros temores: que la vida no resultara ser como la literatura”.
Julian Barnes. El arte redondea sin final feliz. La vida va
detrás. Como un perro.
Brizna de Verdú
21 de agosto de 2018
“Lo sensato
es dejar de escribir”. Vicente Verdú. La lucidez siempre causa pavor.
Brizna de ataques de felicidad
18 de agosto de 2018
“Los
proyectos de infantilización que promueven Estados muy poderosos, como el
norteamericano, han tenido un éxito biológico considerable y la edad actual de
las poblaciones occidentales ronda los ocho o nueve años intelectuales”. Historia de un idiota… Félix de Azúa. Qué
gran regocijo, ¡es como leer a Thomas Bernhard! ¿Primera conclusión?: en los
años ochenta, el libro se publicó a mediados, cabía el optimismo. Segunda: Bernhard
suscribiría lo cual a cierra ojos. Tercera: Bernhard tiene suerte de ahorrarse, en The Economist, el reciente estudio sobre las ciudades más habitables
del mundo, que sitúa a Viena en primer lugar, y a Osaka y Tokyo en tercera y
séptima posiciones. En un tiempo en que la condición de ciudadano ha pasado a la de turista,
la grey es feliz porque ha visitado los santos lugares y eso le proporciona ataques de
felicidad. De haber leído a Bernhard, sabría que la capital austriaca invita al
suicidio y si hubiera hojeado periódicos impresos conocería que en Japón no
existe el descanso y allí el hombre vive para ser hormiga. Estas clasificaciones que
encumbran a Austria apuntalan la destrucción del ciudadano y su
autoconsciencia. Sí creo, por contra, que los países menos gustosos sean Siria, Bangladesh, Nigeria, Pakistán, Nueva Guinea, Zimbaue, Camerún y
Senegal, sintiéndolo por quienes consideran posible ser feliz y caminar en
taparrabos. En todo caso, las ciudades habitables son una estratagema de aniquilación
programada inferior a la dispuesta por la
naturaleza. Azúa se vale del protagonista para explicar que el fútbol forma
parte de la lacra conspirativa, y alude a la rebaja general de las exigencias
morales. “No es de extrañar que la población desarrollada sea prácticamente analfabeta”,
concluye. Inevitable pensar en un titular de hace apenas un año: “El 70% de
los italianos es analfabeto funcional”. Hay que leerlo dos veces, ¿eh? “El 70% de
los italianos es analfabeto funcional”. Sonrisa, regocijo, escalofrío. Todos
somos griegos y romanos. El porcentaje surge de cruzar rectamente los datos de
lectura con el uso de la lengua, que está en saldo allá lo mismo que acá. Los de la
sicología humanista empezarán con el rollo de las nuevas inteligencias… y
acabaremos concediendo que saber manejar un móvil ha de tenerse en cuenta para establecer el cociente intelectual. Vuelvo al libro: en él hay unas líneas
que ni pintadas para estos días de agosto, o sea, de vacación impuesta por Estados
y empresas, o sea, de solaz obligatorio y militar en el que mucho bípedo te pregunta
cuándo te vas y adónde, porque él, bípedo, siente la tentación del campo y no
entiende que tú no –o que la sientas sin forzar, sólo cuando viene en gana-. Al bípedo
le tienta el campo porque en él sitúa el Origen. Y no. El
origen está en un cuadro de Courbet, en el más famoso. El bípedo necesita desconectar y anticipa, así, la realidad de
que pertenece a la última generación humana. “Debo recomendar la más extrema
prudencia a quienes se encuentren cerca
de un riachuelo (…) pues es uno de los escenarios predilectos para el ataque de
felicidad, y hay geografías con predominio de prados, lagos, cumbres, costas,
en las que pueblos enteros han sucumbido a la descomposición moral y a una
forma perversa de felicidad pedagógico-religiosa”. Prueba que el libro es
constructivo el siguiente consejo: “Cuando se viaja o reside en tales lugares,
es conveniente mantener las ventanas cerradas y leer mucho a Dostoievski”.