Brizna de juventud

3 de noviembre de 09

“Los jóvenes somos así”. Francisco Ayala. Ciento tres años de lucidez initerrumpida. Una respuesta con humor consciente de que existen jóvenes viejos y viejos jóvenes.
Él, que padeció el exilio del Veinte, manifestaba hace ¡unos meses!, en una entrevista recortada cerca de mi escritorio: “He procurado vivir en el mundo y entenderlo, y he tratado de adaptarme sin plegarme, y eso creo que lo he hecho con bastante buen resultado”. También dijo que no había derecho a vivir tanto. Descanses en paz, tío.

Brizna de intimidad

1 de noviembre de 09

“La privacidad no existe”. Leonard Kleinrock. La primera persona en mandar un correo electrónico, del que hoy se cumplen cuarenta años, anuncia la liberación de Internet de la pantalla del ordenador. Sí, cada vez todo suena más a Orwell. No importan los filósofos: después de años y años defendiendo la mínima libertad posible, los quinceañeros, entre botellón y botellón, sancionan sin rechistar un modelo basado en el relativismo y el control privado.
Las redes sociales conllevan la inexistencia de la libertad. Y no lo digo yo, radical. Lo dice el padre de la cosa y el que la alimenta. Más vale resignarse. Lo único en positivo que saco es que la única defensa vendrá de las aburridas, pero necesarias, actitudes intachables. La vieja limpieza ético-moral.
Primera lección: Kleinrock asevera que no tener nada que esconder será la única forma de privacidad. Se entiende que, ya sea en primera persona, segunda, tercera, cuarta o quinta, lo que haces terminará saliendo. Y andar escondiendo secretos como tesoros, aparte de producir esquizofrenia, acabará siendo imposible en un mundo dominado por las redes sociales de las narices, algo absolutamente prescindible en lo que el personal anda yonqui.
Nos tiramos siglos con la carta manuscrita y ahora, cada dos años, queremos cambiar de soporte. Segunda lección: Kleinrock no usa redes sociales. Le parecen frívolas y bastante tiene con el correo electrónico, al que los impuros llaman mail, meil, imeil, e mail y no sé cuántos anglicismos y seudoanglicismos más. O sea: no es lo mismo el correo electrónico que la red social aunque a diario se use para indistintos fines.
También, míster Kleinrock habla de la ciberdelincuencia “imposible de frenar”. Esto es: hemos construido el tablero y nos hemos puesto a jugar sin reglas. Sin saber si dará tiempo a redactarlas.
¿Qué pasará con esa tríada constitucional -honor, imagen e intimidad- que nos protege de los estúpidos? ¿Qué pasará, directamente, con el Derecho? Usaremos el revés. O, liberalismo totalmente aplicado, llegaremos a la vieja Roma. Pero no por la carga legal, sino por el circo gladiador.
Eso sí, lo acepto hasta en Ella. Porque independientemente del análisis ulterior, la rueda es redonda. Y no hay más que hablar.

Brizna de comprensibilidad

31 de octubre de 09

“Cuando una obra de arte es incomprensible, es una maravilla”. Juan Genovés. Lo que en poesía es palabra inesperada, en pintura es trazo que contraviene. El conocimiento necesita de un lenguaje relevado, no lineal, que acerque los límites al desconocimiento, que, dicho sea de paso, es a lo más que podemos aspirar.
El surrealismo, mismamente, se inventó para ofrecer una versión alternativa de la realidad ‘profunda’, esa que comparten la vista ciega y la fotografía de sucesos.
El arte no tiene corsés y su pretensión primera es la forma, aunque la última sea la filosofía.

Brizna de familia

30 de octubre de 09

"Mi madre es un pez". Vardaman. Personaje perspicaz de 'Mientras agonizo'. Saber quién o qué es tu madre es necesario para evitar sorpresas. Y puede que, así, uno se sepa también. Por acumulación o por descarte.

Brizna de voz interior

20 de oct de 09

La cabeza es la gran caja de los truenos. Leo un reportaje que dice que nuestra voz interior nunca descansa, que nuestra mente se comporta de un modo caótico y caprichoso. Todo se reduce a que, en más ocasiones de las deseadas, las químicas inescrutables que nos hacen persona provocan que el pensamiento díscolo mande sobre nuestra voluntad.
Puestos en ritmos internos, siempre el monólogo interior de Faulkner antes que el pensamiento compulsivo humano.

Brizna de perspicacia

3 de septiembre de 09

“¡Ante tal provocación…!”. Luis Buñuel paseaba por el centro de Madrid cuando se cruzó con unos curas. A eso se refiere la cita. ‘Ante tal provocación’. No se puede decir más con menos. Una de tantas demostraciones de que en lo tangencial reside lo concreto. Los no versados en ironía, pobrecitos, sólo entienden la tabla del dos.