La casa sin barrer

22 de mayo de 05

Pedro Pérez Castro ha escrito una carta a los directores de todos los museos de España como Kafka las escribía a su padre: aunando soledad, frustración y angustia. El director del Museo Art Nouveau y Art Déco de la Casa Lis implora ayuda, justicia, una disculpa, media explicación, lo que sea. Los destinatarios, claro, no son concejales porque en los ayuntamientos falta paciencia para la letra pequeña. Y las cartas no suelen estar escritas en el mismo cuerpo de letra que los carteles electorales.

La misiva empieza reconociéndose “desesperada”. La desesperación es la antesala de ese arquetipo de la genialidad llamado locura y la locura previene de enfermedades peores porque las tapa a todas. La locura también hace comprensible la muerte. Y ya que intentan amenazar con guadañas al museo más rentable de la región, su director recorre de madrugada los tejados enlutados de la ciudad en busca de gatos que le presten alguna vida sobrante. Y en éstas estamos. El director del museo necesita de un tratamiento rápido y eficaz pero no le dan consulta. Va de ambulatorio en ambulatorio buscando inyecciones económicas, pero mayo es mal mes: no se vacuna más que de alergias al polen.

La Casa Lis vive la noche más larga de su vida desde hace tres años. Entonces, el Ayuntamiento de Salamanca censuró toda actividad que se saliera de la muestra permanente: ni exposiciones temporales ni tareas educativas ni gaitas. Paralelamente, el mismo equipo de gobierno del PP, dejó de abonar el dinero comprometido -cuyo débito acumulado suma ya un millón de euros-. La restricción impuesta sobre la Casa no sólo afecta al visitante o a las colecciones que pudieron haber sido durante estos mil y pico días, sino también a los fondos modernistas del anticuario Ramos Andrade. Corren el riesgo de ser próximamente desalojados en ausencia de la contrapartida económica acordada.

Pérez Castro se siente “asfixiado”. Pero nadie muere así como así en nuestros días mezquinos. Hoy no se ahoga a nadie con una soga como sucedía en las películas de Hitchcock. Se hace con dinero, o, mejor dicho, manejando su ausencia. La asfixia es casi siempre económica. La inanición es la muerte más rápida y eficaz: no deja feas huellas en el cuello -salvo que uno se dedique a mandar cartas y a algún curioso le dé por leer-. Así se han cerrado periódicos y conventos. Cuando la administración descuida su función protectora de lo público, la promoción de la cultura queda relegada al postre. Además, normalmente, los gobiernos confunden la financiación y el fomento de algo con su tutela.

Aunque por aquí se trata al público de arte como si fuera un intruso, la salmantina Casa Lis ha tenido un millón trescientas mil visitas en diez años. De titularidad municipal, es el museo más visitado de la región. Por lo visto no falta interés ciudadano. Tampoco, dinero. Qué va. No hay más que reparar en la brega actual por abrir museos. Recientemente, en León y Valladolid. Creen los políticos que abrir un museo es como botar un buque. Cortar una cinta, romper la botella y el aparato caminar solo. Y en los caladeros del arte hay más tiburones que en el mar. En el mar hay bancos de peces y alrededor del arte bancos a secas e intereses espurios. Las obras sociales son el agua bendita con la que se lavan la cara las cajas.

El flautista de Hamelin sopla la flauta por casualidad y le salen notas disonantes, abstractas, animalísticas. La vidriada Casa Lis, transparente como el cristal con el que recibe al visitante, deja planteado otro debate: para qué los museos. El problema de abrir uno es cómo llenarlo después. Lo de menos es el edificio. Como dice Gamoneda, “luego hay que tener un picasín”.

En Castilla la Nuestra, en vez de reparar las catedrales y las iglesias románicas que se caen sillar a sillar, inauguramos museos de arte moderno como Franco hacía con los pantanos. Tenemos las neuronas ocupadas en lo más ‘in’ cuando nuestro patrimonio fundamental dista siglos del talento sincrónico. ¿Es tan imprescindible acudir al auxilio de las sirenas del arte actual? ¿Nos van a rescatar ellas a nosotros? ¿De qué? El museo es para cuando el círculo del arte está cerrado. El lugar lógico para lo contemporáneo deberían ser las salas de exposiciones. Pero es que inaugurar siempre es bonito. Es como alumbrar a un ser vivo. Para cerrar ya habrá tiempo. ¿Pero por qué cuando se abre un museo van las autoridades -principescas si es preciso- a hacerse la foto y cuando se cierra -o se cae una ermita- no hay acto de clausura? La muerte dejó de ser estética a partir del siglo XIX.

Otro escritor, Julio Llamazares, define como “paletada” haber gastado 2.600 millones de pesetas en el Musac leonés “con las necesidades que hay”. Se equivoca, es peor: son casi seis mil. En euros, la inversión supone unos treinta y cinco millones. A estas alucinaciones hay que sumar los 2,6 estipulados como presupuesto anual. Pero el dinero es frío y no adorna. Como estos sitios suelen nacer de la nada, luego hay problemas para encontrar el picasín de turno que salve las muestras, las colecciones. Somos la Comunidad Autónoma más activa en este particular. Ni que los necesitásemos. Segovia, Salamanca, Valladolid, León,... A este paso, “en Zamora querrán otro con toda la razón”. En 2002 había casi cuarenta museos ‘de lo naciente’ proyectados por todo el país. Un diluvio que nos aplasta.

En el caso del de Salamanca la suscripción del convenio de integración en la red regional se eterniza. Hay que desratizar la cultura de los intereses partidistas y las trabas burocráticas. La Junta ejerce de la antigua Casa Socorro, pero se demora en sus planes. Intenta apagar los fuegos, pero es un camión de bomberos con las ruedas pinchadas. El conflicto de competencias entre Comunidad y Ayuntamiento privan de solución de continuidad al museo. Una por otro, la Casa sin barrer. Y gracias, pues alguno la habría barrido en sentido estricto.

Pasa también que, en el mejor de los supuestos, a los mayores se los ingresa en residencias para ricos -no hay para más-. Y el edificio de la Casa Lis está mayor, ha cumplido los cien años. Esto, lejos de ser un aliciente puede convertirse en un problema. A los que no tienen posibles los conducen en coche hasta cualquier descampado y allí los dejan. Lo único que envejece bien es el vino. Y no siempre. A veces se pica por el aumento del ácido acético.

La manutención del museo o la idoneidad de las manos que lo llevan no deberían nunca haber abocado a los procedimientos oscuros y delictivos que usó Ángel Porras. El jefe de gabinete del inefable alcalde -y presidente provincial del PP- Julián Lanzarote no reconoció hasta que se produjo la llamada del juzgado que preparó durante la campaña electoral de 2004 casi diez mil anónimos con el objeto de emponzoñar la gestión del responsable de la Casa Lis. En la noble tarea contó con la participación de militantes del PP. La sede provincial del partido sirvió de testaferro. La solidaridad católica. El ácido, esta vez, ascético.

La Casa Lis resistió a un siglo sin treguas; sobrevivió a tantas idas y venidas que se acostumbró al movimiento. Ahora el estancamiento la agota. Sus bronces de Viena, sus esmaltes y porcelanas, sus criselefantinas, enmohecen cerca de unas balaustradas llenas de polvo. En el Ayuntamiento observan la jugada comiendo una bolsa de pipas. Castigan a la cabalgadura con la espuela pero el caballo es un Rocinante acostumbrado a soñar. Nunca se preocupó de la pecunia porque en las ventas pagaba siempre don Quijote. Espolear por espolear. Este consistorio salmantino no sabe si mata o espanta. Si jugarse a los dados el Museo o quemar los papeles del Archivo antes de que sea pronto. Hay quien, de tanto mirar el horizonte, se ha quedado estrábico. Esperemos que la Junta no mire tanto la cirugía china que pierda de vista los tumores que necesita operarse. Que llegue a tiempo y la dicha sea buena.

Celebración de la inteligencia

15 de mayo de 05

Introito: la Feria del Libro de Valladolid -encuentro en Castilla y León- tiene treinta y ocho ediciones en su costilla de Adán. Este último aniversario ha supuesto el hasta luego de Agustín García Simón, quien ha cumplido su labor a lo Ricardo Muti. Dice Alberto Manguel -también estuvo hace tres años por el Campo Grande- que leer es celebrar de la inteligencia. Y en esta fiesta a ‘Scala’ ha habido tarta de metáforas y velas que no las apaga un soplido. Con las mismas farolas que de costumbre, el paseo Central rezuma más luz por sus poros cuando llega mayo y se posa la Feria en sus ramas. El año pasado ya salió autoafirmada como Feria “sin presiones, con independencia, calidad y los mejores escritores”.

Capítulo I: Julio Llamazares (1955). “Rasga la luz con su hoja de sangre la oscuridad inmensa de las entrañas de la tierra”. Lo que define este tiempo es la fama. “Antes ‘famoso’ era adjetivo; hoy es sustantivo”. El poeta narrador especifica que escribir es fácil; escribir bien, no. “Las historietas, los cuentos para entretener abundan en los escaparates de las tiendas. La literatura, la novela, sirven para hacer pensar”. Y repite: “Lo de menos es la historia que se cuenta, detrás están el tiempo del verbo, el punto de vista,...”. Quizás por eso aclara que su cielo de Madrid ochentero no tiene que ver con la mitificada Movida, en la que mucha gente anduvo ‘por ahí’, distraída de lo importante. “La Movida fue una broma a la que se ha dado mucha trascendencia. Fue un divertimiento de cuatro niños bien que jugaban a ser artistas. A ser artista no se juega, a ser artista uno se compromete. Duró dos o tres años, si es que existió. Nunca me interesó”. Esto me recuerda que los sesenta fueron años en los que las buenas intenciones rastrillaron el contenido ideológico. Cuando la gente anda tan contenta por la calle tomando copas, alguien está tomando las decisiones por ella.

Capítulo II: Emilio Lledó (1927). “Mi mismo son las palabras”. Llegó acompañado precisamente de ellas. Y aunque la felicidad está rodeada de infelicidad, enunció que tenemos derecho a ser felices. “Sólo hay que hacer algo por la felicidad de los demás; si hay solidaridad, tendremos derecho a la nuestra”. También desarrolló la idea de que algunas personas justifican su visión y su posición social al defender el tener y no el ser. “Ya en Grecia el rico guardaba en la cueva ánforas de agua, de vino y de aceite. Se aseguraba la sed del futuro. Es la ideología del señorito satisfecho que justifica su deterioro mental cultivando la ignorancia en los demás”. En esta línea mostró su preocupación por “el cultivo del odio” que se da en determinados medios de comunicación, en alguna emisora de radio. “Frente a esto hay que amistar a los demás”. Para lo cual uno debe estar amistado consigo mismo previamente. “Qué poco se quieren, qué poco se aceptan los amigos de la irracionalidad, qué poco se aguantan esos periodistas del odio, de la ignorancia, de la estupidez, del egoísmo”. “Algunos, si pudieran hacer la Guerra Civil otra vez, la harían”. Para evitarlo, como somos fundamentalmente palabra, lo importante es enseñar a pensarla. “Si somos críticos con las palabras lo seremos con los hechos”.

Capítulo III: Antonio Gamoneda (1931). “Ahora no veo más que ángulos temibles (...) / Me despierto / envuelto en coágulos de sombra”. Una persona que aprende a leer en los versos de su padre adquiere una configuración de la mente que luego no soporta la liviandad. Cuando la luz se convierte en sombra de la nada, la ferocidad de un vocablo expulsado de noche sólo puede ser comparable al mercurio. Trágicamente, tenemos memoria de lo que ya no está con nosotros, de la vida que ya no es. “La poesía es un arte de la memoria”. Por eso lleva consigo cierta gravedad. Gamoneda anda pensando que la poesía no es literatura. Lo dice tímidamente, con la humildad que le otorga el magisterio que se le resbala por las metáforas. Y ¿por qué la poesía podría escapar del encasillamiento de los géneros? Porque es realidad en sí misma. “La literatura es mayoritariamente ficción y la poesía no nace de la inventiva”. “El pensamiento poético es música en su origen, ni siquiera su función primordial es la comunicación. La poesía es una extracción de la interioridad de nuestra vida”. Creación y revelación. Remedando a Juan Ramón diríamos: “Esto es la poesía, no lo toquéis”. Por último, renegó del lirismo ‘oficializado’, con intereses en el realismo, en el lenguaje normalizado. “Esa poesía es reaccionaria, retrocede a funciones medievales; ya hay medios tecnificados que cubren esa necesidad”. Dos días más tarde, Fernando Urdiales rechazaba también el teatro realista o naturalista. “El teatro tiene que vérselas con géneros audiovisuales como el cine o la televisión”, con los que parece difícil competir. A su juicio, el teatro debe pasar necesariamente por la creación de mitos y espacios imaginarios que hagan pensar. La clave está en “descorrer las cortinas de la mente del espectador y no habitar circuitos capitalistas sometidos a la dinámica mercantil, comercial, de arquetipos y lugares comunes que nada tienen que añadir a la Historia cotidiana de la gente”.

Capítulo IV: Chantal Maillard (1951). “El infinito es la sorpresa de los límites”. Premio Nacional de Poesía. Su último libro, ‘Matar a Platón’, propone aniquilar los conceptos. Pero, ¿acaso esa idea no es ya un concepto en sí misma? Es como aquel ‘prohibido prohibir’ que inquiría en el vicio que buscaba exterminar:

-¿No crees que una buena práctica no puede salir sin una buena teoría -la que sea-?

-Sí, puede, pero necesitamos llegar a algún, sitio, no hacemos más que subir escaleras.

Maillard cree que la seriedad “es una variante del olvido”. No sin razón opina que la respuesta a nuestros días económicos deberían darla los economistas. Finalmente, la doctora en Filosofía reivindicó el trueque. “El mercado siempre ha existido”. Sí, pero ahora es castrante.

Capítulo V: laicidad y editoriales. A principio de Semana, Emilio Lledó declaró su amor por la enseñanza pública. Libre de aditivos. En su cierre, Álvaro Pombo -‘heredero del entusiasmo de la energía creadora’- desconfió entre risas constantes de la moral eclesiástica. “Soy pesimista, no apocalíptico-pesimista como los obispos” -risas-. “Es un momento difícil, pero no porque todos nos vayamos a casar con un señor, como dice la Iglesia” -más risas-. “Creo en la energía espiritual, pero no soy boato ni del PP”. Entre medias, Josefina Aldecoa, lo mismo: “En los países civilizados la enseñanza pública es y debe ser laica”. La escritora situó en la infancia la raíz de la escritura y de la lectura. Varios profesores se reunieron otra de las tardes para discutir acerca de ello. En ella, Tomás Guillén, representando al IES Arca Real -varias veces premiado por el Ministerio por su labor pedagógico-literaria-, terminó cuestionando: “La lectura, ¿para qué?” Trató así de “inocular la semilla de la duda” respecto de las inquietudes que tiene un autor por trasladar cuando se sienta a escribir una obra. Una obra, en conclusión, es gracias al lector. Y la cadena de la literatura se rompería si no fuese por las editoriales. Principalmente por las pequeñas, que meten la cabeza a tientas, esos buques galeónicos que surcan a contracorriente las olas del mercado. De la Huerga las citó en su columna de los jueves: Difácil, Multiversa, Tansonville. Tres ejemplos nacidos en la Comunidad guardaban una caseta con orgullo compartido.

Epílogo: si leyendo nos completamos como personas, necesitaremos periódicamente breves aldabonazos que nos lo recuerden. Que avisen lo mucho que tenemos por ser. Somos menos efímeros e incompletos cuando pasamos la vista por la letra impresa. La Feria necesita continuidad. Escaparates, autores, editores y conferencias. Es de esperar, pues, que el cambio de dirección no afecte a unos planteamientos que, a la vista está, han triunfado. “Cuatro años de tensión bastan; cuando del comportamiento de uno depende la sociedad hay que dejar que las fuerzas se renueven”. Un director merece descanso, pero la Feria del Libro, no. Merecemos más celebraciones de la inteligencia para no ceder al acoso de la pesadilla.

Ser y no ser de una región que juega al escondite

28 de abril de 05


La sombra de Villalar no es alargada, sino más bien corta y rechoncha. Alopécica, con gafas y encorbatada. Su recuerdo, su presencia, su mensaje, no dura ni veinticuatro horas. Esto prueba que algunas cosas no se ven mejor con la distancia. Se las pierde de vista. Lo de esta vez ha sido un brindis a la lluvia -aunque fuera intermitente-. Un brindis con calimocho a pesar de que la ribera nos espera de soslayo tumbada a la orilla del Duero. Las resacas conmemorativas son de juguete porque aquí hay poco que celebrar. Quiero decir que todo pasa y nada queda.

La Historia de la Comunidad es la Historia de sus ríos. Cabría decir a lo Gerardo Diego: Castilla, Castilla, nadie a acompañarte baja, nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de ‘lamento’ -por caso-. Aprovechando que el Pisuerga pasa por donde pasa, en ocasiones un puñado de cabezas protestan en la explanada por lo negruzco del carbón, que María nos deje sin galletas o a cuento de una autovía. Para las quejas serias preferimos la plaza Mayor. Principalmente si el equipo de fútbol corre peligro de descenso. Incluso aprobaríamos un suplemento al IVA si con él garantizásemos la visión nuestro once sobre el césped del Bernabeu al menos una vez por temporada.

El presi de Castilla la Nuestra no es como el del botones Sacarino, pero les une algo más que la complexión. No quiero enterarme de cuántos metros cuadrados tiene su despacho no sea que el agravio comparativo me tumbe de un cifrazo. Él no querría ser ministra: estaría en la nariz del huracán cada poco. Agazapado en Castilla, nadie le molesta. Ni el propio ni el ajeno -que no sabe si, como otros correligionarios, es de la cofradía del bigote-. En los informativos televisivos ponen una flecha sobreimpresionada para que el telespectador nacional le identifique. Es un amigo desconocido hasta para san Lesmes, patrón de Burgos, ciudad donde nació. Aun así, el santo titular de las iglesias comarcales descansa en el banquillo: el pantocrátor no está en la alianza de civilizaciones, sino en la alianza popular. Principio y fin del universo en los ochenta, noventa y principios de siglo veintiuno. Casi veinte años de logros. Las gaviotas pesan más que generaciones literarias, bizantinos, románicos y atapuercas juntos.

A propósito de la entrega de los Premios Castilla y León, Herrera echó un pregón de los que acostumbra. Vanas palabras. Sin efectos secundarios. De las que no dejan huella. Escritas para recibir palmaditas y regresar con mejor cuerpo al trono. El tono del discurso, más o menos brillante, más o menos moderado, dependerá de quien se lo haya escrito. Pero casi siempre suena similar. Acostumbra a hacer como Cela, que repetía conferencias que daba por nuevas argumentando que la gente no se queda con la copla y necesita oír las cosas más de una vez. Viene a ser una cantilena que sirve igual para un acto político que para la inauguración de un museo; lo mismo en el aniversario del nacimiento de no se quién que en la entrega de unos premios. Nos cuenta el orgullo que siente por su tierra, que trabaja para ella, etcétera. Hacia el remate del parlamento es conveniente fijar los titulares de la prensa del día siguiente. Ahí es cuando apela a la identidad regional y habla de conquistas para un futuro que nunca llega. No obstante, se presenta a la reelección con su mejor sonrisa y moja la oreja al resto.

Quien no pasa el examen del tiempo es la nota discordante. El poder ha escrito partituras de lectura única. Condenamos como herejes a los que cantan las verdades. Cuenta Carolina Martínez en este diario lo costoso que resultó llevar las instituciones a Villalar, constituir la Fundación Villalar-Castilla y León. A la postre, la Universidad de León quedó representada en el Consejo Social, Caja España en la Federación regional y la Diputación leonesa en la de Municipios y Provincias. Pero, después de tanto esfuerzo, el patronato ha extraviado una parte importante de su motor. “Finalmente no figura una de las formaciones que más empeño puso en su creación desde el principio, IU”.

Antonio Herreros y Pedro Conde pusieron el esfuerzo para que otros se secaran el sudor. Que IU, después de partirse la cara por la región, sea una fuerza extraparlamentaria es algo comprensible. No paradójico, descriptivo. El costumbrismo castellano y leonés pasa por cortar las alas del águila y dar pienso al grajo. Mientras la conciencia autonómica se derrama como vino en un cuero picado, las solapas de la Junta se llenan de medallas.

Mejor escuchar a Luciano Egido, quien aprovechó su paso por la anual entrega de premios para recitar unos folios. Se quitó el disfraz y seguía siendo escritor. Brillante. Entre metáforas y citas criticó “la vocación de comparsas” que tenemos asumida. Las palabras, “el hondón más hondo del alma”, le sirvieron para poner el acento en “las vocales abiertas, la contundencia de las consonantes, el afán de las esdrújulas”. Es una pena que se rescaten en los periódicos más frases del discurso de Herrera que del de Egido. O que se el presi se lleve las primeras páginas y no Fernando Urdiales, acreedor del premio mejor otorgado.

Reivindicar esta región es arduo porque la parte interesada se va desinteresando de lo que la contiene. A lo largo de una semana DIARIO DE VALLADOLID-EL MUNDO ha venido glosando en sus primeras nueve páginas por qué somos Comunidad histórica y las razones por que mereceríamos una consideración distinta. ¿Cómo habrá sentado en las nueve provincias?... Fuera del plano ideal no merecemos más de lo que tenemos, otra realidad casi dejaría de ser equitativa. Imagino a más de uno pasando rápidamente las páginas por si al tacto de la letra impresa contrajera una urticaria. Además de la parte de un discurso de Herrera, ¿qué es eso de la conciencia regional?

Una cosa es ser sabinos aranas y otra ejercer de antropófagos de nuestra cultura. Admitido esto, las reivindicaciones del Archivo suenan ridículas. Mera agitación. Las razones de la disputa son solamente políticas. Que si en Madrid siguiera Aznar -o estuviera su pupilo Rajoy-, iba a estar protestando Herrera. Si añadiéramos Moncloa a la situación actual, en la que el PP catalán reclama los legajos, iba a estar el alcalde Lanzarote poniendo el grito en el purgatorio. Vamos, yo no me creo que sea un problema de historicidades o de unidad de Archivo. Es un rifirrafe político, no más. Los pescadores del voto revuelven el río. Saben que somos lo que dicen nuestros cursos legales de agua. Río Duero, río Duero. De momento no necesitas trasvases ni lejanas desalinizadoras. Que algo es.

Mientras se ponen de acuerdo en el PP seguiremos esperando a que una galerna de secano nos entierre. El escenario de Villalar no se llena porque no hay topónimos que la colmen. Poco cambia que no empeore. Los 23 de abril son un grito afónico de la grandeza perdida por las campas del dieciséis, un canto gregoriano que acerca la música antigua al presente y advierte de cuán lejos aguarda el futuro.

Curvas de la felicidad

7 de abril de 05

La felicidad es una entelequia. Leo por pluma de Juan Cueto que en Londres se venden helados de la felicidad. En Valladolid tenemos algo parecido a un aeropuerto -que cierra su angosto espacio aéreo a los aviones que se retrasan diez minutos- y nos deja la capital inglesa a tiro de canica. Así que podríamos saborear cuando quisiéramos esa “esencia de orquídeas, ‘márketing’ y leche de vacas felices” en la que consiste el intrigante postre.

La industria de la felicidad aporta: leche con melatonina que ayuda a dormir bien, galletas y chocolates antiestrés. Pero nosotros, desaboridos, no padecemos de estrés porque tenemos asimilado que el trabajo sin horario supone una bendición del cielo. De hecho, debería sentirse agradecido aquel que goza de un contrato temporal. Dichoso. Los contratos en prácticas llenan otro espacio aéreo: el de redacciones, oficinas y fábricas que nunca se pondrán a disposición de un contrato fijo -perdón, quería decir indefinido-, porque la mano de obra esclava -perdón, quería decir gratuita- es más sustanciosa que nada.

Pero no despegamos del viaje: cuando turisteamos ‘London’ pedimos el mismo cucurucho que tomamos en el paseo de Zorrilla. Llevamos el castellano adiposo grabado a un fuego macilento y azul -que todavía si fuera grueso y rojo sería una novela de Valdeón-.

A la información proporcionada por Cueto se puede añadir la fórmula que aporta el economista británico Andrew Oswald al respecto: r = h (u (y, z , t)) + e. La conocemos gracias a Ángela Vallvey, quien la popularizó a través de sus ‘estados carenciales’. Las variables usadas para estimar la felicidad son: características personales y demográficas, ingresos económicos, el factor tiempo y los cambios de opinión y preferencias. Como resolución, “un matrimonio duradero aporta tanta felicidad como una paga extra de 96.000 dólares, mientras que la pérdida de empleo cuesta, en términos de felicidad, 64.000”. Es una concepción un tanto material de la vida. Tan fría como los sentimientos con los que traficamos para conseguir placeres fugaces, cada persona lleva dentro un ‘broker’. La ecuación para alcanzar la dicha no sirve por demasiado vulgar y poco delicada. Con mezquindad o sin ella, con o sin realidad, tampoco entendemos estas ‘recetas’ porque los polinomios se escabullen de los planes de estudios. El álgebra lo enseñaban los curas de entonces y, claro, maldecimos el Antiguo Régimen en la salud y en la enfermedad. Para lo bueno y para lo malo.

La curva de la felicidad es como la curva de la demanda: la barriga del mercado. Y decrece y decrece entre representaciones gráficas y diagramas geométricos. Cuanto más acaparamos más necesitamos, nos llenamos de vacuidad. El hueco es pura levadura, masa fermentante. La felicidad, en la vida humana, no tiene que ver con la matemática. Las personas componemos un subconjunto imperceptible al espacio exterior. Formamos parte de un conjunto perfecto, razonable, sometido al imperio de la ciencia. Pero las intersecciones no unen, separan. Precisamente el amor desacredita que la vida real se mida matemáticamente. El amor es física y química, algo traducible, pero no logramos entender el alfabeto mediante el que se expresa. Es decir, forma parte de la vida pero no es la vida. A pesar de que nos constituye decisivamente. La ciencia son los primeros auxilios de la metafísica y, aunque no nos ofrezca todas las respuestas, fuera de ella poco tenemos.

Al final, como no comprendemos que el universo sea inabarcablemente finito, mucha gente se da al Ribera, que no al helado feliz y flemático del principio. La enología ha hecho de los borrachuzos científicos en potencia. Son los únicos investigadores disiplinados, ya que los profesores universitarios se dedican a ‘vivir’, sin olvidar la falta de responsabilidad que supone desatender sus funciones. La endogamia huye de la lupa porque los que la practican podrían ser vigilados. Una verdad cien veces ignorada se convierte en mentira.

Nos inventamos carreras universitarias que sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Que dotan de magia, fantasía e ilusión a la cosa más pedregosa. La ribera del Duero es algo más que un huerto cercado en torno a un río. Las razones económicas la han exportado como fuente de salud. No sé si en honor a Dioniso. También hay quien se licencia en la barra de un bar. Bueno o malo, es lo que hay. El sentimiento vitriólico de la novela picaresca se está avinagrando a base de tragos de cruda realidad -la ‘fiel representación de las cosas vulgares’-. El siglo diecisiete más el diecinueve dan el veintiuno. Pero de la época clásica de Baco no nos quedamos con todo. Ya no hay arquitectura ni escultura urbanas, todo se construye y desmonta “al ritmo sincopado del mercado”, como canta Ariel Rot. A falta de edificios bellos y prácticos tenemos intereses inmobiliarios, el negocio de la vivienda. El prefacio de nuestros días lo escribió la generación de los cincuenta. De tales uniones, la reflexión amarga se abisma contra el suelo de las tabernas. El desafío estilístico no se da en las columnas de los diarios, sino en las botellas compartidas a ciertas horas de la noche o del mediodía.

La felicidad es una entelequia que se entiende mejor desde la abstracción, como sucede con el arte moderno. La felicidad se asimila con el paso del tiempo y las lecturas educadas. También es cierto que la felicidad se cura conforme pasa la edad, cuando los vagones de la resignación llegan a todas las estaciones y la nostalgia mira por la ventanilla. Si tenemos alguna noción de ella, es cuando quedan pocas ganas de disfrutarla debido a que todas las guerras están perdidas. Pero esto no es óbice para buscar motivos de beatitud humana e irreverente. La felicidad, como la buena suerte, es un actitud. Igual que el sabio no porta un corno francés como si fuera un Merlín académico, el feliz no lleva en torno a su cabeza un aura tipo Virgen María. Así que al feliz lo más que le podemos sacar es una sonrisa o un sarcasmo.

El feliz, igual que el positivo, no está contento. Porta un arma de defensa, un escudo, una chapa protectora, un cielo en sus manos. La felicidad es un estado de ánimo consistente en saberse conformar, no en ser conformista. La felicidad consciente es un mecanismo de defensa que se activa cuando la parte mala del pesimismo se extiende como un cáncer y lo contamina todo. Por los ríos nuestros de cada día corren aguas fecales, estancadas, que contradicen aquello que los presocráticos nos enseñaron de ‘nunca te bañarás en la misma agua’.

Fernando Arrabal aspira a la santidad. Las personas sienten tentaciones carnales y espirituales. Pero yo creía que las mediciones del tiempo eran seculares, que los meses no eran creyentes y que las estaciones desconocían el rosario. Pues no, de repente, algún Papa debió de canonizar unos cuantos días a escondidas hasta que fueron siete y fundaron una semana. Y ahí la tenemos, santa. Aprovechemos las tarifas bajas y tomemos el primer vuelo al Támesis, conozcamos más allá de nuestras retinas polvorientas, escapemos del acorralamiento de la definición. Hará frío, pero no es lo mismo que te llueva en la llanura diaria de nuestras desilusiones que frente al Parlamento inglés.

A monseñor Blázquez le dan igual las líneas de vuelo baratas porque imagino estará tan familiarizado a los vuelos privados como a las hostias. Le gusta el diálogo y la paz social. Su parroquia anda encerando las tallas. Que de eso sí tenemos por estos pagos. Hasta que la carcoma actúe y deje la madera como la piedra rota y desmembrada de esas ermitas e iglesias que mueren diseminadas a cielo descubierto por la región -Santamaría en Molpeceres, san Martín en Curiel, santa María en Palazuelos, san Esteban en Peñafiel, etcétera-.

¡Necrológicas fuera!

3 de abril de 05

Catequéticamente rechazable, política y socialmente reaccionario, paradójicamente, al final de sus días se destapó en política exterior casi tan inmaculado como la Virgen que adoraba. Protestó contra la intervención de la OTAN en Yugoslavia y la invasión de EEUU a Irak; adjetivó “in-a-cep-ta-ble” el bloqueo sometido a Cuba y se pronunció frente al imperialismo capitalista. Si el buen Juan XXIII fue un Papa de extramuros, éste lo ha sido de intramuros. Pero de unos ‘intramuros’ con escotillas. Abiertas hacia fuera. Sin Concilio Vaticano, Juan Pablo II también perteneció al pueblo, entendido éste como una masa social. No es el personaje del siglo, para ello debió haber escrito mejor teatro y mejor poesía, pero su alcance mediático -practicante o no- es indiscutible. De Polonia a Italia y de Italia al mundo.

En la pre-necrológica que una cadena de televisión estadounidense le ‘dedicó’ se mostraba el doble acogimiento que encontraba por el mundo: “Grande y controvertido (...) Sus adeptos y detractores coinciden en lo significado de su veinte años de papado”. Finalmente han sido casi veintisiete. En 2003, la CNN extravió por la internet el boceto de la necrológica, preparada desde antes de 2001 y pensada para utilizarse en el mismo año en que Kubrick situó la odisea espacial. En el mundo contemporáneo rara vez un personaje se sale del guión, casi todo está preestablecido. En lo nuevo, lo humano, y sobre todo lo divino, está calculado, casi nada escapa a lo esperable de las cosas. No hay margen para la improvisación porque un día la economía engulló las libertades y desde entonces los animales salvajes pisan moqueta y la calidad de vida pasa por la rutina, por el compás de espera. En la posmodernidad virtual, todo es ‘reality’, ya lo dicen los índices de audiencia. Por eso, no pierde comba cuando quiere, el Vaticano ha permanecido en consonancia con el mundo que consumimos en la mayor demostración de adaptación de las últimas décadas. Nos ha mostrado la muerte agónica de un Papa ahogándose en directo por la televisión. El paso a la publicidad lo marcaba la cortinilla echándose. Se cierra el telón hasta el siguiente parte médico.

Llevaban años amotinadas las esquelas por las redacciones. En este impreciso instante, a treinta días del mes de las flores, las agencias de información han encontrado su hora. Este hombre ha resucitado varias veces, habría que canonizarlo. Ernest Lubich hubiese dicho de él que el cielo quiso y pudo esperar. Las necrológicas llevan tanto tiempo escritas; los reportajes, tantos años barbechando, que corrían el riesgo de extraviarse apolillados. Ahora hay que desempolvarlos, soplarlos de la larga moribundia postrera. ¡Necrológicas fuera!

El Papa ha sido una bala de la KGB alojada en un alma de piedra -como la Thatcher la tiene de hierro-. Un alma que terminó acrílica. Antes de que Navarro Valls compareciera en público como un entrenador después de la derrota de su equipo, las honras fúnebres habían masticado una pizza en el Trastévere. Luego, difuntas pero con el estómago lleno, marcharon a ver los frescos de Miguel Ángel. En la catedral de Notre Dame, las gárgolas, a lo suyo, cantaron en honor de Marianne y W. Bush continuó leyendo el libro de cuentos que todavía no ha terminado desde el 11-S. Lo lleva por la mitad.

El Concilio Vaticano II fue una piedra de toque que se guardó Juan Pablo en un bolsillo para hacer frente a los huracanes de anticlericalismo. En los últimos años Bob Dylan introdujo el rock en las paredes gregorianas del Vaticano -también se ha hecho fotos con Bono, de U2-. Eso ha sido de lo mejor, junto al viaje a Cuba. Fue el poeta rockero quien le dio la extrema unción. Frente a él, también bailaron ‘break dance’ tres jóvenes, haciendo ostentación de movimientos imposibles para la cabeza del entonces septuagenario. Torpemente, trataba de llevar el ritmo con una palmas que contribuían a que se le cayera más la baba, manchándose los ropajes. Gran metáfora. Al pontífice se le caía un hilillo de saliva en sus saludos idiomáticos. Cebrián dice que la Iglesia católica compite en espectáculos con un macroconcierto en busca de audiencia. “Con su intervención moral sobre los asuntos públicos, resulta un aliado excelente del fundamentalismo democrático”. Acción de gracias.

Llevaba un lustro no muy católico. No sé qué pensarán esos ejecutivos de túnica y alzacuello, esos funcionarios vaticanos, esos obispos de nuestras mercedes. No parece precisamente piadoso dejar que la máxima autoridad se arrastre, se atragante, pierda la dignidad en una mirada pueril al infinito. ¿Es la muerte en directo el destino de todo Papa a partir de ya?, ¿qué imagen es esa? Los cargos vitalicios sólo deberían desempeñarse si la muerte le sorprende a uno con salud o prematuramente. Moribundo no se puede trabajar. Ni siquiera salir a la ventana para saludar.

Mientras el Vaticano III deba esperar y los sínodos continúen varados en Trento, la imagen que vende la institución es de mercadillo. Perdió el habla en marzo. Cuando en la plaza de san Pedro se congregaron los fieles para recibir la bendición ‘Urbi et Orbi’, su Santidad mostró su peor cara en sentido estricto. Se echó la mano derecha a la cabeza en inequívoca muestra de rabia y lamento y golpeó con la mano la cornisa con la fuerza que le faltaba para hablar. Dice Umbral que este Papa llevaba muchos años aguantándose el tortazo, el taco, la ruptura de todo el protocolo que le ahoga, “que le empapa en oro” y “lo ha soltado poco antes de morir para dejar aquí su último o primer pecado. Este pecado le absuelve de tantas virtudes”.

Los teólogos progresistas españoles, siguiendo al prestigioso Hans Kung, pidieron su renuncia. Pero no se quedaron ahí y exigieron que se cambiase “la actual forma autoritaria de gobernar hacia otra más sinodal o democrática”. Y es que el Papa concentra la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Una concepción que para Juan XXIII ya era “un anacronismo teológicamente discutible”. Las columnas de los peródicos, por su cuenta, llevan días haciendo su agosto con la figura encogida y despanzurrada del señor. Con su ascenso infalible al mundo de los mortales. Con su descendimiento al cielo en el que cree.

Como se veía ocupando primeras páginas y pantallas permanentemente, olvidó que había de morir. Presentó un concilio que saldaba cuentas con la modernidad y ordenó obispos el mismo 1 de abril. Pero la renovación no permite afrontar el futuro con confianza, el espíritu santo es demasiado evaporador y la fe sólo mueve campos de fútbol. En esta procesión de juicios, Maruja Torres, con su agudeza crítica procesa que esa imagen de la agonía, desasosegante y penosa, viene a ser “como si el Papa no se asomara al balcón, sino al vacío”. ‘Lo que natura no da, Salamanca no presta’ es una manera antigua de expresar la jefatura de las capacidades humanas. Esta frase, llevada al caso, se traduce por ‘lo que la ciencia no da, la fe no lo presta’. Los miles de rezantes concentrados en la plaza de Bernini no consiguieron darle un hálito de vida de más. Y eso que ‘rugió’ en su última aparición, según Manuel Hidalgo. No extrañe, debía de estar hasta los cojones.

Tenía cariz social, pero éste se veía lastrado por su hiperconservadurismo. El aborto, las mujeres sacerdote, la valiosa teología de la liberación, los métodos anticonceptivos, el uso de células madre para curarle el párkinson, la eutanasia, el aborto, el divorcio,... Casi nada escapó a su ojo censor. Por eso, el distanciamiento con la sociedad se da sobre todo en los países ‘desarrollados’. Él, como representante de la Iglesia que ha apuntalado la retrogradación, es responsable de que la profanidad avance. El laicismo se lo agradece, recuerda Felipe Alcaraz. “Anticomunista, sin reparar en las bases”. Responsable de un credo que contribuyó incuestionablemente a desmantelar el este, pero de la mano de un legado cómplice con otras dictaduras (Musolini, Hitler, Franco,...). Rompió los acuerdos de Juan XXIII y acogió a ‘monseñor Opus’. ‘Condonó’ a los sacrificados del ayer, pero, al mismo tiempo, enviaba a las hogueras a los galileos del hoy. Las sandalias del pescador se han puesto a remojar. Vienen días de incienso y fumatas. Comprobaremos si venden humo o si asumen el reto del presente.

Sótanos y sotanas

22 de marzo de 05

El arzobispo invita a vivir la Semana Santa “no por pura estética”. Y lo dice él, ataviado con mitra, pectoral, capa, levita, estola y demás ornamentos típicos. Lo que quiere Braulio es que no juremos en vano, que no admiremos a Gregorio Fernández o a Juan Guraya más que a Dios. Sobre todas las cosas.

Se nos han presentado unos días moviditos para santificar la fiesta: traqueotomía papal, cambios en el Episcopado y absentismo espiritual en aumento. Las Iglesias se hicieron tan altas, tan anchas, tan tridimensionales -o más-, a fin de acoger todas las almas del mundo. Pero con esas plantas tan resultonas ahora se notan más los vacíos. El eco en las vigilias no es problema de megafonía, sino de la escasa parroquia que acude al templo. Los bancos están vacíos, mas no pasan por arte porque no son de madera policromada.

Mientras Braulio hace en su casa lo que puede, la Conferencia Episcopal hace lo que debe, esto es, “renovar talante”. Y arrincona el ceño permanentemente fruncido de Rouco -que tiene nombre como de actor porno-. La Iglesia es una institución muy política y escoge sus presidentes en función de los monclovitas. “Lo primero que debemos hacer es que entren los pobres en nuestra carne”, dice “un tal Blázquez” -Arzalluz-. Este hombre habla de la carne como si no tuviera sexo. El asunto es que los obispos han escogido a un señor de Bilbao, aunque abulense, para que les represente y, de paso, mediar entre las elecciones de Ibarretxe y la política Moratinos, que es una cosa, Exteriores, que terminará por abarcar el País Vasco.

Blázquez no sabemos si es creyente, pero la condición se le supone como al soldado la valentía. Y parece buen interlocutor. El presidente de la Conferencia Episcopal propone sus cosas con entonación delicada. Y está ‘enorme’: firma “en conciencia” una pastoral a favor de Batasuna -también suscribió la misiva contra la ilegalización- y se muestra comprensivo con la causa homosexual -“nadie debe ser discriminado”-. También cita a “socialistas franceses”. Este hombre va a salvar la Iglesia por unos años, a no ser que la ‘radio oficial’ saque una asociación mental de las suyas y le llame terrorista. ¿Por qué era necesario un prelado así? El pasado 13 de febrero los obispos de Navarra, Bilbao, San Sebastián y Vitoria hicieron autocrítica: concluyeron por escrito que la Institución va contracorriente. La pastoral resultante, de 71 folios, dejó claro el distanciamiento con la sociedad civil: “El presente es crudo; el futuro es sombrío”.

Los jóvenes se alejan de la casa de Dios, lo confirma la demoscopia. Acaba de redactarse un informe a partir de una gran encuesta de opinión entre los universitarios españoles. Ay, la Iglesia. Cuando éramos imperio el sol no se ponía en nuestros dominios -que siempre han sido los suyos-. Hoy, en contraste, amanece la oscuridad en los ábsides de las iglesias, como cuando el gótico. Malos tiempos para las religiones. Bajos designios para el catolicismo. Para los jóvenes con estudios la institución social peor valorada es la Iglesia -la prensa tampoco sale bien librada-. El 40% se define de izquierdas y el 37% de centro. La derecha no existe o es un avestruz. Si alguien podía salvar la nave católica o solicitar alguna indulgencia temporal era Blázquez.

La Semana Santa es una celebración cada vez más pagana, más propia de turistas y amantes del arte que de liturgistas. La doctrina se quedó anticuada. El deambulatorio lo llenan un peripatético y dos fieles curiosos. Los actos litúrgicos son un atajo de las emociones. Braulio ya lo ha dejado escrito en Tribuna Libre: “La Conferencia Episcopal es una institución al servicio de los obispos españoles y de nuestras iglesias diocesanas”. Para el creyente ‘numerario’ no pasa de algo colateral.

Lo que no es colateral al individuo es la conciencia. La conciencia es un ente corpóreo, un problema doméstico, alejado de los más allases y las consignas impartidas por cualquier jerarquía que no sea la voluntad. La conciencia es la razón que conduce a la felicidad. Y por ello, golosa. La conciencia no tiene recaderos, pero le surgen prebostes a cada respiro que se toma. El catolicismo tiene preparada una cosa muy bonita que, a estos efectos, purga. Mis gatos se purgan comiendo hierbas como los practicantes se purgan con un examen de fe. Y el que menos ‘fallos’ tenga, capador. La prueba es de una inocencia -o de un anacronismo- que causa perplejidad. De haberlo conocido, el profesor Franz de Copenague habría tomado ideas de este vivero para construir sus cacharros. Lo imagino publicando en el ‘Tbo’ inventos para catequizar o confesar. Creando plumas de escribir que sólo ponen en el papel lo que el cura quiere leer. Con tal efecto, se escribirían unas palabras distintas de las preconcebidas. Para luego condenarte. Magias, milagros. Imaginaciones, no más.

El caso es que Mariano Paredes me saluda con un ‘Examen de conciencia’ mientras nos tomamos una sartén de huevos en Platerías, calle que algún día habrá que quemar, como se ha propuesto alguna vez desde estas páginas. Me pasa bajo mano algo que por el Arzobispado corre, sin embargo, a manos llenas. Y digo ese sorprendido ‘sin embargo’ porque a la vista de un profano se trata de preguntas onerosas. Ahí van siete de las 32 que contiene: “¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios?”; “¿Me doy cuenta de que tener hijos es un compromiso con Dios?”; “¿He sido causa de que otros pecasen con motivo de mi conducta o mi modo de vestir?”; “¿He realizado actos de lujuria?, ¿solo o con otras personas?”; “¿Evito y rechazo las escenas eróticas de la televisión?”; “¿He aceptado pensamientos o miradas impuras?”; “¿He practicado, aconsejado o facilitado el crimen del aborto?”

Aunque es cierto que morimos en un mundo falto de estética y valores concretos, la fe es una cuestión particular. Y catolicismo y cristianismo no siempre concuerdan, ¿verdad Galileo? ¿Verdad, Hitler? Lógico es, pues, que manteniendo este discurso se alejen totalmente del mundo. Zapatero habría dicho delante de Carrillo: “Lo que no sé es si los católicos son menos católicos...” Las verdades católicas son en ocasiones mentiras a las que debemos tender, según la ciencia. Por los bajos de la realidad, en los sótanos de la vida, se guarece la vieja doctrina, perviven las catacumbas. Aquellos que la defienden son unos valientes, unos estadistas de manual, ávidos de decisiones impopulares y credos increíbles que nos reportarán algún bien intangible. Se busca a Dios, ya lo advirtió David Torres en la página dos de EL MUNDO hace no tanto. Para encontrarlo vamos a tener que acabar recurriendo a un vientre de alquiler.

En el sur de nuestro país es relativamente frecuente oír al compás de las cofradías: “¡Hija de puta!” Como destinataria, la Virgen. La sobriedad que adorna las procesiones castellanas es propia de quien ha hecho de la necesidad virtud. No tomarás el nombre de dios en vino. Pero entre procesión y procesión, un tinto y privatización al canto: el Ayuntamiento desestima la gestión mixta y convoca un concurso público a la medida de Agualid -que ya se encarga del abastecimiento de la capital- para administrar las instalaciones de agua en el camino Viejo de Simancas. Depuradora ‘municipal’ en manos privadas. ¿Algo positivo?, ¿algún exvoto en estas fechas tan señaladas?: las reservas de plazas en los distintos alojamientos de turismo rural en Castilla y León rozan el 100%. Algo es algo.

Los aurigas de la Unión

26 de febrero de 05

Rodando por Uranos. Así vagan las ideas en el mundo de hoy, igual que hace dos mil cuatrocientos años. Platón dio a ‘escoger’ entre dos apetitos: el racional y el concupiscible. Su Teoría de Conocimiento acababa en las almas más perfectas: aquellas que, según fabula, habrán contemplado durante más tiempo las ideas en su viaje por el cielo. La potencia que prima en ellas sería la racional. En el otro extremo sitúa el autor las almas concupiscibles, apegadas al deseo de poseer y acaparar -Y entre una y otra, la irascible-.

Teniendo en cuenta que el bien es el fin último al que debe aspirarse, como expresión más alta de las ideas, la potencia del alma que representa mejor el conocimiento abstracto y verdadero es la racional. Como me enseñó en su día el filósofo Tomás Guillén, Platón explicaba el alma para llegar a otras cosas. En él las finalidades últimas son políticas. Sus diálogos y mitos deben interpretarse como expresiones de su propuesta sociopolítica. Hay un paralelismo, pues, entre la división del alma, el conocimiento y la organización social.

En Europa también tenemos dos almas: una social y otra económica. Como en tiempos de Platón, también depende de ellas el modelo político. Si el bien fuera causa de lo que hay, todo imitaría esta idea. Pero, como es obvio, las potencias no están igualmente repartidas en ningún ser. Tampoco en los partidos de nuestras democracias representativas, ombligo de las democracias al modo occidental. De discurso y de sonrisa no anda mal el marido de Sonsoles, pero luego llega el doctorzuelo Pedro Solbes y le aplica al presidente la antitetánica hasta para un morado. Sólo IU disiente. PP y PSOE están de acuerdo a un nivel altísimo. De hecho, Solbes ha colocado a Rodrigo Rato al frente del Fondo Monetario porque piensan igual, el dólar domina Europa.

En Grecia existían dos almas... y un conductor. Los aurigas son los encargados de intentar dominar los corceles que tiran del carro, pues cada uno adoptaría un sentido y una dirección. Tomar las riendas equivale a templar las aspiraciones. El articulado sometido a refrendo el día veinte tenía varias cabezas unipolares: la derechona alquila a las izquierdas una habitación con derecho a cocina, que es la forma más rápida y eficaz de uniformar la diferencia. Por una parte, Berlusconi y el oligarca Gistaing; por otra, Romano Prodi y Durao Barroso. Este último convocó en septiembre la primera reunión informal de la Comisión. Barroso era maoísta en los setenta; socialdemócrata en los ochenta y conservador en los noventa con directrices de ‘capitalismo global’, encumbrado en la máxima institución europea. ¿Adónde habrá llegado ideológicamente cuando el Tratado cumpla unos años?, ¿de qué va a ser garante el chico de los recados de las Azores? Mano dura de la derecha portuguesa tras la renuncia de Rebelo de Sousa allá por 1999, tripula con gesto amanerado un barco de pasajeros, un carro alado, que expulsa los derechos sociales con duros planes de ajuste. Donde no hay constantes vitales, tampoco caben las constantes positivas. Pero él se empeña en hacer la trisectriz de la política liberal.

El 60% de los europeos ya había vuelto en junio la espalda al ‘tratado de ganado’. Tal desaprobación llevó a Schroeder a rechazar de plano un posible referéndum al respecto. El interés ciudadano por el Tratado es inversamente proporcional a las prisas de la clase política por aprobarlo. Un ejemplo: Budapest, capital de parada y fonda europea presidida por el Danubio, dio un corte de mangas a la eurocámara: en la República Checa acudió a las urnas el 30% de la gente con derecho a voto. Pero el poder seguirá adelante con el pueblo o sin él. La prueba son los referéndums consultivos, no vinculantes. Los resultados salidos de una participación inferior al 50%, ¿qué legitimidad tienen? La democracia no respone.

Si el verdadero ser de las cosas son las ideas, como dejó apuntado Platón, estamos muy lejos de la verdad y muy cerca de caballos albinos, irascibles; estamos en el mundo, no de las ideas, sino de los intereses y la empresa. Los comisionados creían que podían dejar de contar con el pueblo pero se sintieron abochornados -“frustrados” dijo Solana- por la bajísima participación. En vez de pararse a reflexionar, huyen hacia delante y gastan los fondos de cohesión en publicidad, que es lo que se lleva, para que la gente se anime. Dice la izquierda timorata y liberal, la que se siente obligada a defender el ‘sí’ que habrá que modificar el texto pronto, pero ha sido redactado “para durar 50 años”, lo que indica el lastre que va a suponer para el ciudadano. Sabemos en nuestras carnes lo que cuesta transformar una Carta Magna. Su escritura coincidió con una etapa de gobiernos conservadores. Y ahora anda la izquierda moderada aprobando los presupuestos de la derecha. Es lo que tienen los partidos mayoritarios, poco margen de movimiento. Cuentan que Medea escapó a la olímpica Atenas por medio también de un carro alado. Concedámosla el beneficio de la duda, máxime cuando el deporte es tan impío como la política. Se dopa el político, se dopa el deportista. La conversión de la campaña informativa en propagandística ha llevado a los profesionales periodistas catalanes a no firmar las noticias referentes a actos de campaña.

Ante el pasotismo ciudadano y la preocupación por no aprobar el plebiscito, los gobiernos sacaron la artillería pesada para tratar de convencernos de que ésta era la única alternativa de construcción europea. De que, en este caso, era mejor la enfermedad que el remedio, de que curar a posteriori es más eficiente que prevenir a tiempo. ¿Para qué lo llaman Unión cuando quiere decir Comunidad Económica Europea? ¿Para qué nuevos envoltorios si mantenemos la filosofía de Mastrich? ¿Cómo se entiende un continente autónomo si está ocupado por bases militares de ‘aquel país’? Precisamente en este jardín salta EE UU que quiere “más capacidad militar” en Rota y Morón. Más despliegue de fuerzas militares. En cosas así ‘canta’ la Europa ‘independiente’... ¿Por qué malograr la oportunidad de una Europa alternativa sin un proceso constituyente digno de serlo? En Francia, algunos conservadores y la mitad de los socialistas, incluido el ‘número dos’ del partido están en contra del texto para el Tratado, que es lo que se buscaba ratificar. Porque aquí hemos votado sin pararnos a pensar que no se trataba de sentirse europeístas o no, sino de leer la pregunta de la papeleta. Habría resultado más honesto no montar el referéndum y aprobarlo en el Parlamento. Esta medida la han adoptado Alemania, Italia, Estonia, Austria, Chipre, Finlandia, Grecia, Letonia, Malta, Eslovenia y Suecia. En nuestra pantomima nacional ganó holgadamente el ‘sí’, pero hubo mayoría absoluta de abstencionistas. Además, en las comunidades más desarrolladas la suma del voto en blanco y el negativo llegó a rondar el 35%.

El modelo diseñado para el viejo continente es forzosamente liberal, motivado por la mayoría conservadora de la cámara. ¿Y qué ha dado el liberalismo? Con los años hemos crecido de manera objetiva en destrucción del medio y trabajo precario. El esquema económico que partía de un salario base suficiente para una familia de cinco miembros ha involucionado hasta la necesidad parejas con dos sueldos sin hijos que mantener, dejando Europa envejecida y a España en el vagón de cola en cuanto a natalidad se refiere; vivimos para trabajar. Ésta es la Europa del capital que se nos agolpa. En el presente, la Administración de EE UU acaba de transferir el control de la energía al sector bancario. Al mimetismo que va la cosa, supone un aviso para navegantes... No estamos en absoluto tan lejos: el órgano rector de una carta de derechos se pretende que sea el Banco Central Europeo.

Dejar la banca como principio base de una ‘Constitución’ es como poner a la zorra al cuidado de las gallinas. Porque la economía impuesta atiende a reclamos capitalistas, no de redistribución. Nos piden la rúbrica para cubrirse las espaldas de legalidad. El Tratado deja la porción de Europa unificada como estaba en todo aquello que era malo o mejorable. El Tratado se hace el sueco ante el Estado de Bienestar, ¿qué se puede esperar si está escrito a todo correr por burócratas de la derecha; el Tratado deja la UE en manos de la OTAN y sustituye el derecho al trabajo por derecho ‘a trabajar’, algo sonrojante. El artículo III tiene lagunas significativas: circunloquios que no garantizan la igualdad entre hombre y mujer -116- y que permiten las privatizaciones de la Seguridad Social, Educación y Transportes -122, 166-. Dejando atado el Estado y cediendo terreno a la empresa privada se desatienden los intereses generales, la capacidad adquisitiva no ha hecho más que polarizarse en beneficio de cada vez menos y menos manos. El ‘progreso’ es dedicar treinta y cuarenta años de hipoteca a pagar un piso. Amartya Sen, Nobel de Economía, dice que la democracia es lo que le falta al mercado para ser justo. ¿Qué idea de justicia saldrá de la futura Constitución europea?, ¿qué porción de tarta democrática será capaz de ceder el mercado?