Brizna de incompletitud

25 de octubre de 2026


“La realidad es lo único que me interesa. No la realidad que está acabada, sino la realidad incompleta. En definitiva, intento hacer la realidad”. Cruz Novillo. Lo inacabado es un eco de lo acabado. La imperfección sólo la aborda -instrumentalmente- quien persigue lo perfecto. Sólo quien conoce sus limitaciones y la belleza de las aristas se permite dejar la realidad inconclusa. Todo perfeccionismo es adolescente. Así, a través de la abstracción geométrica Cruz Novillo buscaba la composición. Una aproximación al todo. Es decir, un orden. Ordenar. Ordenar… la realidad. Por eso le interesa. Todo artista aspira al puzle completo, pero se detiene en cada pieza. El fragmento nos libró de la angustia de la totalidad. Porque por fin sabemos que la obra completa está ya en la inacabada, como el resultado en el boceto. En un momento dado -las palabras no son inocentes- Cruz Novillo se entregó al constructivismo. Lenguaje constructivo. Construcción. De qué. De realidades. Combinaciones, matemática. Se puede construir la realidad. ¿Y la historia? Ella tiene su composición interna: Mark Twain dijo que la historia no se repite, pero rima. ¿Esa música es otra forma de matemática? Combinaciones: “Cada uno de los subconjuntos de un número determinado de elementos de un conjunto finito dado que difieren al menos en un elemento”. Los ejemplos que ofrece el diccionario son: abc, agc, bcd, acd. Lo que me conduce al soneto: abba, abba, cdc, dcd. Hay un vínculo entre matemática y búsqueda de exactitud. Combinaciones. En la traducción, en la pintura, en el poema, en la ecuación. Estamos hechos de rimas. Y las rimas afectan al mirar y al crear, que terminan siendo lo mismo. “Mientras dura el cuerpo / nombrarte aún”, dice Clara Janés. Mirar = traducir la realidad = nombrar = crear. Y también apunta, en Del imposible adiós: “esa cereza que has puesto / con tu boca en mi boca / se ha convertido en letras y números que deslíe mi saliva / y con sus quebrados y barras y paréntesis / me recorren como un himno radiante, / íntimo vuelo de gorriones”. Janés, traductora del persa, del checo… ¿Podemos, mediante el arte, construir la realidad o sólo acercarnos a ella? Acabamos pensando más por asociaciones que por demostraciones. O sea, sintiendo. Somos un mono que siente, no que piensa. En La belleza de traducir… poesía, Natalia Carbajosa dice que en muchas ocasiones el traductor renuncia a intentar rimar los versos, ya que el resultado suena forzado. Páginas atrás había advertido de que, aunque la traducción “es probablemente el empeño humano más alejado de las matemáticas, ya que jamás responde a fórmulas exactas”, sí busca permanentemente “lo más próximo a la exactitud”. O sea, a la exactitud por la inexactitud. Como en el arte. Hasta un brochazo termina siendo geométrico.